El acueducto de Sahuayo

En la región Ciénega de Chapala se encuentra una ciudad que llevo siempre en el corazón. Me refiero a Sahuayo, Michoacán. Perdido entre terrenos llenos de escombros y un estrecho paso que conduce a terrenos de cultivo se encuentra un bello acueducto en la periferia de su área urbana. Una obra arquitectónica que atestiguó el fin del siglo XIX, estuvo ahí durante la revolución, presenció las andanzas de la gavilla de La Puntada y seguramente vio el paso de los cristeros por estas tierras.

Pienso que muchos sahuayenses tendrán fotografías o recuerdos que posiblemente sus padres o abuelos les legaron, referentes a esta obra arquitectónica. Ojala pudieran compartir con su servidor parte de ello. He encontrado una referencia en el libro “Sahuayo y…” (2013) de Don Luis Arceo Preciado, quien atribuye su autoría a Don Amador Amezcua, benefactor de la población, en el año de 1884, comentando su intención de uso para abastecer Sahuayo con agua proveniente de las presas de Abadiano. Rocas y ladrillos de su estructura han sido sustraidos. Quizás en alguna de estas piezas se encontraba el registro de una fecha. Durante mi visita encontré un rosario colocado en una de las bases de sus arcos en el lecho del río, prueba del carácter religioso de Sahuayo.

Desde la Universidad de la Ciénega del Estado de Michoacán de Ocampo, una de las líneas de investigación se trabaja es la relacionada a lo que consideramos como”tesoros patrimoniales”, al ser bienes culturales con características relevantes y pertenecientes a diversas temporalidades.

En su sentido más amplio el patrimonio es el conjunto de bienes heredados del pasado y, en consecuencia el patrimonio arquitectónico puede definirse como el conjunto de bienes edificados, de cualquier naturaleza, a los que cada sociedad atribuye o en los que cada sociedad reconoce un valor cultural. El mismo paso del tiempo hace que quizás en un afán de modernidad olvidemos cosas que constituyen parte importante de nuestro pasado.

“La arquitectura debería hablar de su tiempo y lugar, pero anhelar la atemporalidad”.
-Frank Gehry.