Hospicio Cabañas

Te invitamos a visitar el Instituto Cultural Cabañas (Oficial), recorrer sus exposiciones, los murales de José Clemente Orozco y caminar por los patios de este bello edificio declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1997.

Los martes la entrada es gratuita.

José Clemente Orozco en el Cabañas

En el marco de la entrada a la Capilla Clementina (En honor a José Clemente Orozco) está situado un pequeño mural que explica «La pintura monumental en el estado de Jalisco es patrocinada por el Gobernador Everardo Topete durante sus años de administración 1935-1939 la primera obra pictórica fue la decoración del paraninfo de universidad de Guadalajara, la segunda la de la escalera principal del Palacio de gobierno y la tercera de este edificio» aunque todo comienza a finales de 1937, bajo la invitación del gobierno del estado de Jalisco, el muralista José Clemente Orozco llegó al Hospicio Cabañas para pintar su capilla, ahora desacralizada. Dicho trabajo fue terminado en marzo de 1939. Orozco fue consciente de la valía de su trabajo pues en una carta dirigida al gobernador Silvano Barba González le dice que su obra muralística realizada en ese recinto era «la mayor de todas las ejecutadas durante la época de la pintura mural mexicana, iniciada en 1923».

El pintor zapotlense pertenecía al grupo de artistas posrevolucionarios que pensaban que el arte gráfico debería ser para todos, razón por la cual sus obras eran hechas en lugares públicos, pero en el caso del Hospicio, más que para convertirlo en «público», era para volverlo «cultura». A lo largo de dos años, Orozco pintó 57 murales en paredes, bóvedas, lunetos, pechinas y cúpula de la capilla. Con estos frescos buscó modificar la experiencia corporal del espectador y reforzar la impresión de que la capilla no existía sino como una estructura transparente a decir del especialista Renato González Mello. Este también afirma que Orozco usó «la diferencia entre la escala del blanco y negro y la del color […] para subrayar los elementos estructurales de la construcción: son ‘grises’ dos de los muros laterales, y el resto de los tableros sobre los muros se caracteriza por su sobriedad. También tienen esa parquedad cromática todos los tableros sobre las pechinas y el tambor de la cúpula. Por el contrario, en las bóvedas y en la cúpula misma abundan los verdes, los amarillos, los azules y los rojos. Estos se organizan de acuerdo con la lógica exigida por cada composición, pero no hay un acorde cromático que unifique los tableros. En los tableros de las paredes hay paisajes, se hace artificio de la mayor solidez, verticalidad y hasta peso. Por el contrario, en las bóvedas saltan pedazos multicolores, las figuras se confunden y se trenzan, se pierde cualquier noción de dirección».

Una innovación de Orozco en estos frescos fue la representación de la ciudad como eje del discurso, a fin de apreciar la irrupción de lo nuevo, a decir de González Mello, pues el muralista veía con poco agrado los cambios que se iban dando en la traza urbana tapatía y que evidenció en los tableros. A su vez, las bóvedas representarían la mitología de la historia, y en todo el conjunto es posible apreciar múltiples alegorías sobre el progreso, el poder, la violencia o la tecnología, así como metáforas geométricas.

En estos murales expresa varios momentos de la historia de México abordando la Conquista, la Colonia y los tiempos modernos. En los frescos, Orozco hizo referencia a la vida prehispánica, al choque cultural durante la Conquista, a la fundación de Guadalajara y tocó escenas de la trágica realidad contemporánea. El mural Hombre en Llamas, en el cual se aprecia una figura humana que «escapa por una bóveda o cúpula ‘abierta en gloria’, como en la pintura barroca», es la pieza clave del conjunto muralístico pues borra cualquier cualidad meramente decorativa y le otorga una nueva dimensión al espacio al convertirlo en uno dedicado a una nueva devoción, la de la cultura. Para Justino Fernández, este mural es «la concepción cumbre y más original del artista» y representa al ser humano «superior [que] ve, discierne y ordena»; en suma, una alegoría de la existencia humana, que «todo existir en conciencia es ardorosa consunción».

La crítica popular afirma que las cuatro caras que lo rodean equivalen a los cuatro elementos de la naturaleza; para otros podría representar la metáfora mitológica del Ave Fénix. La obra del gran muralista, sin embargo, no se reduce a los murales, sino que en el Hospicio se preservan 340 piezas entre pintura, dibujo y gráfica, entre las cuales se encuentran diez piroxilinas, más de cien dibujos para exposición, grabados, dibujos y bocetos, realizados en lápiz, tinta, gouche y temple.

Mural de José Clemente OrozcoHombre en llamas.

El Hombre de Fuego, además de representar a los cuatro elementos naturales, se le ve en sí a los cuatro muralistas más famosos de Jalisco, los cuales son los siguientes:

  • El hombre con la cara azul (símbolo del agua): el doctor tapatío Gerardo Murillo, más conocido como el Dr. Atl.
  • El hombre con el cabello en viento y color amarillo (símbolo del viento): el muralista David Alfaro Siqueiros.
  • El hombre debajo del Dr. de Guadalajara (símbolo de la tierra): Diego Rivera.
  • El Hombre en llamas de en medio (símbolo del fuego): José Clemente Orozco.